Lo que comenzó como una tarde familiar dedicada al béisbol se convirtió en una carrera contra el tiempo para Pedro Muniz, bombero del Departamento de Bomberos de Charlotte.
Muniz había pasado gran parte del día en un torneo en Statesville junto con su esposa y sus cuatro hijos. Después de dos partidos y bajo un intenso calor, regresar a casa parecía lo más razonable. Sin embargo, sus hijos querían seguir practicando y él aceptó acompañarlos a los campos de la Steele Creek Athletic Association, en el suroeste de Charlotte.
Esa decisión inesperada terminó colocándolo en el lugar preciso cuando la vida de un adolescente estuvo en peligro.
Mientras permanecía cerca del Campo 4, Muniz escuchó las sirenas de las unidades Engine 37 y Ladder 26. Al revisar la información de la emergencia en su teléfono, descubrió que se reportaba un paro cardíaco. La víctima tenía apenas 13 años y se encontraba en el Campo 8, aproximadamente a entre 150 y 200 yardas de distancia.
Desde donde estaba, el bombero alcanzó a observar a varias personas reunidas alrededor de un menor tendido en el suelo. Sin pensarlo, dejó todo y comenzó a correr.
En medio de la urgencia no encontró rápidamente la entrada al terreno, por lo que saltó una cerca y continuó avanzando. Más tarde recordaría que su esposa nunca lo había visto correr tan rápido.

JOVEN JUGADOR
El adolescente era Bryson Blanton, un jugador de 13 años que participaba en su segundo partido del día. Poco antes había realizado una atrapada lanzándose en los jardines y, posteriormente, conectó un doble. Después de correr hasta la segunda base, se desplomó.
Cuando Muniz llegó, un entrenador ya había comenzado las maniobras de reanimación cardiopulmonar. Un agente del Departamento de Policía de Charlotte-Mecklenburg que se encontraba fuera de servicio también colaboraba.
El bombero se identificó y comenzó a ayudar. Tras revisar el cuello del menor, comprobó que no tenía pulso.
A partir de ese momento, explicó, su entrenamiento tomó el control. Pidió que no se interrumpieran las compresiones, ayudó a despejar las vías respiratorias del adolescente y trabajó con las demás personas que se turnaban para mantener la reanimación.
“Pase lo que pase, continúen”, recordó Muniz que les dijo a quienes realizaban las compresiones.
Los equipos de Charlotte Fire llegaron poco después y asumieron la respuesta coordinada. Colocaron los electrodos del desfibrilador, continuaron la reanimación y atendieron las vías respiratorias del paciente. Según Muniz, el menor habría recibido dos descargas antes de que llegara la ambulancia y comenzó a mostrar señales de que intentaba respirar por sí mismo.
Durante esos minutos, el bombero evitó pensar que el adolescente tenía la misma edad que su hijo mayor. Su atención permaneció concentrada en cada paso necesario para mantenerlo con vida.
REENCUENTRO
Bryson sobrevivió. Los médicos descubrieron posteriormente que tenía una condición cardíaca que no había sido diagnosticada. Permaneció varias semanas hospitalizado, pero despertó, volvió a hablar y comenzó a caminar.
Para Muniz, conocer el desenlace representó algo poco frecuente en la vida de los socorristas. En muchas ocasiones, los bomberos atienden una emergencia, trasladan al paciente y deben continuar con la siguiente llamada sin conocer el resultado final.
La madre del adolescente se comunicó con él y lo invitó a visitarlo. Aproximadamente dos semanas después del colapso, Muniz llegó al hospital. Bryson acababa de ser desconectado del tubo respiratorio y se encontraba en terapia física.
Cuando se encontraron, el joven se mostró tímido ante la presencia de las personas que lo habían auxiliado. Muniz conversó con él, hizo algunas bromas para aliviar el momento y le preguntó qué recordaba. Bryson solo tenía memoria de haber golpeado la pelota antes de perder el conocimiento.
Durante la visita, Muniz le explicó que su experiencia podía servir para ayudar a otras personas y generar conciencia sobre las emergencias cardíacas.

VIDA DE SERVICIO
Muniz nació en San Diego y se mudó a Charlotte durante su adolescencia. Inspirado en parte por las experiencias de su padre, quien fue pastor y tuvo contacto con labores forestales y de combate de incendios en California, supo desde joven que quería convertirse en bombero.
Comenzó como voluntario en Steele Creek después de terminar la escuela secundaria, en 2008. Tomó cursos, continuó preparándose y solicitó varias veces ingresar al Departamento de Bomberos de Charlotte. Fue contratado en 2015, después de siete intentos.
Actualmente presta servicio en Rescue 11, dentro de la Estación 11, como parte de las operaciones especiales de Charlotte Fire.
La experiencia en el campo de béisbol reforzó un mensaje que Muniz considera fundamental: las emergencias pueden ocurrir en cualquier lugar y la intervención inmediata de quienes conocen reanimación cardiopulmonar puede sostener a una persona hasta la llegada de los equipos médicos.
Aquella tarde, Muniz no llevaba uniforme ni estaba asignado a una emergencia. Era simplemente un padre acompañando a sus hijos durante una práctica de béisbol. Pero cuando escuchó las sirenas y vio a un adolescente tendido sobre el terreno, corrió hacia él.
Su preparación y la intervención de quienes estaban presentes ayudaron a que la historia de Bryson no terminara en aquel campo.
NOTA EDITORIAL: Esta es una versión modificada al español del artículo original escrito por Kevin Campbell, de Charlotte Fire.